| |
El trabajo diario se ha re-convertido
o, mejor dicho, se ha rediseñado, si se quiere, en
función de esta nueva herramienta que nos dejo el siglo
XX: el e-mail. Sería muy dificil hoy ejecutar tareas
sin que estén relacionadas en esta red comunicacional
que nos permite obtener información, procesarla, ejecutarla,
retransmitirla y obtener el feedback necesario para continuar
o re-procesar el trabajo diario. No le sorprende a nadie este
comentario. Pero si sorprende analizar el grado de necesidad
creada por el e-mail en cada uno de nosotros. La e-mailadiction,
si el e-mail fuera interrumpido aunque sea fugazmente, nos
deja “ fuera de la estructura “ laboral actual.
Y aquí tenemos la primera forma de re-conversión
laboral: Las estructuras de trabajo ya no son solamente las
propias de la organización. Se han “ colado “
en ellas otras hiperestructuras que corresponde al entorno
de la empresa: Sus clientes, sus proveedores, los bancos,
los medios de pago, las entidades relacionadas, las ofertas,
las oportunidades, todas ellas locales o del exterior. Que
significa esto: Que por un lado hubo una dismunución
en la carga de procesos de comunicaciones lograda via e-mail
(al evitar mensajeros para correos, traslados personales hasta
otras oficinas, traslados fuera de la empresa, fax, etc.).
Pero por otro lado se produjo una sobrecarga de lectura y
retransmisión de mensajes de los cuales (según
Fortune/ago/03) solo el 14% es de utilidad para el desarrollo
de las tareas cotidianas. Lo curioso del informe es que el
tráfico de e-mail, en la nueva vida de las oficinas
administrativas, representa el 48% de la carga diaria de tareas.
Significa que de cada 8 horas diarias, casi 4 horas estan
destinadas al leer, interpretar, limpiar, organizar, responder,
reenviar, abrir archivos, guardar, proteger, modificar, adecuar
y enviar nuevos mensajes...por e-mail. No poseer esta herramienta
implica una natural exclusión del sistema de trabajo
o de las rutinas del dia a dia. No tomar contacto con nuestro
entorno, no recibir ni enviar información con la fluidez
y velocidad necesarias en este nuevo siglo. Y lo peor: no
integrar en la organización al resto de los acontecimientos
que ocurren mas alla de nuestra voluntad. Si se quiere: privar
a la empresa de su inclusión en el contexto productivo.
No obstante esta evaluación sobre los atributos del
e-mail, muchos ven con fastidio su uso indiscriminado. Muchos
ven en él a uno de los principales antagonistas de
las buenas relaciones personales, del mal uso del lenguaje,
de la extrema síntesis sin contenido o de su falta
de capacidad expresiva. De transmitir enormes “ chorizos
“ de un e-mail histórico que sigue incluyendo
párrafos del año pasado o de adjuntos equivocados
que debieron ser enviados a otro. De las invasiones a la “
consagrada casilla personal “ con ofertas de todo tenor
y a ningun efecto. De la extrema participación colectiva
en algún tema en la que intervienen muchos miembros
de la organización en la cual uno solo tendrá
la solución. Pero de todos los defectos prefiero destacar
la falta de contacto personal entre quienes, antes y no hace
mucho, se miraban a los ojos para planificar, discutir, pelearse,
negociar o, simplemente, para saludarse con afecto. Esa es
la pérdida.
|
|