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Algo pasó y sigue
pasando cada vez con mayor intensidad. Y sé que no
es del agrado general. La buena comunicación con los
clientes, prospectos, proveedores y público en general
ha sido, desde siempre, una de las mayores aspiraciones de
toda empresa que se precie de serlo. Es normal el dictado
de cursos y seminarios destinados a mejorar estas comunicaciones.
Incluso en las empresas de mayor representatividad hay gerencias
con estructura propia destinadas a mejorar la comunicación
con su entorno y con la comunidad. Pero la realidad es que
actualmente, comunicarse con algunas empresas resulta, simplemente,
una carreras de obstáculos electrónicos. Quién
no ha intentado comunicarse con una empresa y ha caído
en los tentáculos de esos mensajes de máquinas
infernales donde, tanda comercial mediante, y con voz impersonal
de acento extraño, luego de agradecerle que se haya
comunicado, nos solicitan que ingrese una opción, a
continuación de la cual seguramente habrá nuevas
opciones y luego algunas más, la última de las
cuales es, siempre, la de comunicarse con un ejecutivo de
cuentas, una telefonista o un representante? Sin contar que
después de haber soportado todo lo anterior puede ocurrirle
algo peor y que le respondan:
“Le rogamos que vuelva a comunicarse porque todos nuestros
representantes están ocupados”.. o....
“El representante no lo puede atender en este momento,
le rogamos que deje su mensaje luego de la señal ....
bip,bip,biipp”.....
Ya lo sé, no me lo diga, pensamos lo mismo. En la era
de las comunicaciones algunos avances de la tecnología
representan un retroceso, generalmente en pos de un abaratamiento
de los costos de personal, y no dudo que seguramente lo consiguieron
pero el deterioro de la imagen y del servicio es directamente
proporcional a lo que se trató de evitar.
Lo extraño es que ésto convive con un desesperado
intento de comunicarse con los clientes o prospectos y que
ha dado lugar a un incremento exponencial de los “call
center”, para los que hay presupuestos inagotables.
He visto innumerables estudios, generalmente hechos por los
proveedores de telefonía, en los que se ha cuantificado
con mediana precisión el ahorro que implica tener estas
nuevas tecnologías para las comunicaciones. Pero son
pocos o están mal divulgados los que informan cual
es la reacción negativa de las personas que tratan
de comunicarse con las empresas que la poseen. Nadie ha cuantificado
cuanto ha perdido en ventas por esta razón y menos
aún cual es el costo en pulsos telefónicos y
tiempo para los que intentan comunicarse. Tampoco fueron cuantificados
los llamado que son cortados o abortados por quienes reaccionan
ante un contestador automático y no dejan mensaje alguno.
Es frecuente que, en las encuestas de satisfacción
que suelen llevarse a cabo con nuestros clientes, el tema
de la comunicación telefónica no esté
bajo la “lupa del investigador” pero no dudo que,
si así lo hiciéramos, los resultados nos asustarían.
De hecho he visto algunas respuestas, de las pocas preguntas
que sobre el tema se hicieron y son alarmantes. Hasta el infinito
hemos escuchado que las empresas intentan una identidad personalizada.
Pero cuando una máquina responde las empresas dejan
de ser personas y ninguna máquina prevee con su tecnología
la contención a nuestros sentimientos o necesidades.
Es hora de cambiar. Es hora de reivindicar a las tradicionales
telefonistas al frente de las comunicaciones de nuestras empresas.
Su voz es música para los que necesitan expresarse.
Su habilidad es innegable para entender nuestra necesidad
y derivarnos con la persona precisa que le dará soluciones
y ésto no es comparable ni adaptable con ninguna tecnología.
Su paciencia y diligencia siempre estarán acordes a
los tiempos de quién llama y ésto sí
se traduce en satisfacción. Y tal satisfacción
en ventas. Aun estamos a tiempo. Amo a las telefonistas. Las
extraño. Vuelvan,...por favor!!!.....................................
bip. bip. bip. bip. bip. bip. bip. ..........
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