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Somos testigos
de innumerables accidentes de trabajo que pudieron haberse
evitado. Somos testigos, también, del desprecio que,
en general, se tiene por el uso de elementos y métodos
de protección, tanto por parte de los responsables
como de los trabajadores ( Sí. Tambien de parte de
los trabajadores!!!). Diria, sin miedo a equivocarme por la
generalización, que nuestra sociedad – salvando
a sus exepciones – no se preocupa por los mecanismos
de prevención y para una gran parte de ella todo lo
preventivo la incomoda. Los recursos sobran – normas,
métodos, asesores y especialistas, ideas, elementos,
planes, etc. – pero no se aplican con eficacia. En conclusión:
pareciera que se detesta su uso. Pero, sin intenciones de
intervenir en un campo que ya cuenta con sus especialistas,
quiero referirme a ello con simples reflexiones y consejos:
Estadísticamente la mayor parte de los accidentes tienen
consecuencias leves. Pero son tantos y tan variados los casos
que merecen ser observados. La mayoría de ellos suelen
deberse a negligencias humanas. Ocurren por no tener programas
de prevención o no seguir las instrucciones de programas
de prevención de accidentes. O por no utilizar los
equipos de seguridad o la ropa adecuada que ha provisto el
empleador. Todas las empresas tienen la obligación
de capacitar al personal para la prevención de riesgos
del trabajo. Para que el trabajador sepa como moverse dentro
de la planta, como evitar caerse o resbalar, técnicas
para levantar cosas pesadas, evitar atrapamientos, moverse
en altura, manejar máquinas y/o herramientas adecuadamente,
etc. La Superintendencia de Riesgos del Trabajo – SRT
– tiene una página web: www.srt.gov.ar en la
que publica toda la información necesaria para que
los trabajadores tengan acceso a medidas y técnicas
de prevención disponibles.
Ahora bien: hay muchos accidentes que arrojan consecuencias
graves. Pudieron ser evitados si tanto empleadores como trabajadores
hubieran hecho lo posible para prevenirlos. Algunos son fatales
o dejan secuelas de incapacidad o disminución física
y deberían servir como un claro ejemplo de aquello
que debe prevenirse. Ningun empleador tiene derecho a pedir
a sus trabajadores que sacrifiquen parte de su integridad
física, aunque sea leve o temporal, Ningún trabajador
debería atentar contra sí mismo aceptando condiciones
inferiores de trabajo o despreciando los mecanismos de prevención
o el uso de elementos de seguridad. Ambos, trabajadores y
empleadores, deberían estar de acuerdo en la preocupación
por evitar siniestros con consecuencias lamentables. Por otro
lado de nuestra sociedad llegan claros ejemplos de trajedias
evitables que no han tenido tutela preventiva ( lease: nadie
que se ocupe ) desde accidentes de tránsito que figuran
entre las primeras causas de muerte hasta, para colmo del
horror, masivos sacrificios humanos en recitales. Las empresas
cuyos dirigentes han tomado conciencia de las virtudes de
evitar o prevenir accidentes han fijado políticas muy
claras en ese sentido. Planificam sus acciones y cuentan con
programas de prevención, capacitación, comunicaciones
y otras herramientas que llevan al personal a ese mismo estado
de conciencia, logrando una “cuasi-religión”
en la que los cuidados pasan a ser protagonistas permanentes
del escenario del trabajo cotidiano. En cambio otras –
la mayoría, lamentablemente – ni consideran esta
ausencia de prevención y lanzan al trabajador a una
planta de trabajo en la que solo debieran practicarse deportes
extremos. Pero en muchos casos existe algo de complicidad
entre trabajador y empleador ya que ambos actúan con
mucha comodidad e inconciencia estimando que los accidentes
le ocurren solo a los demás. Las aseguradoras de riesgos
del trabajo realizan campañas que tienen mas peso técnico
que conceptual, destinadas a empleadores. La creación
de conciencia suele aparecer tarde, cuando la trajedia nos
deja de duelo y se prometen acciones para evitar que se repitan,…pero
en el futuro. Muchos seguirán considerando a los riesgos
del trabajo como un tema menor y sera el reflejo de la importancia
que revisten la prevención y la seguridad para la sociedad
entera. Casi todo lo malo que Ud. imagine puede ser evitado.
Solo hace falta un plan, ejecutarlo con rigor metódico,
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